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Coronavirus: ¿somos nosotros los causantes?

En la ciudad de Wuhan, una zona donde una buena parte de la población se dedica al mercado del marisco y a la venta de otros animales para el consumo surge un tipo de virus desconocido.

Para los expertos, este podría ser el origen de un nuevo tipo de coronavirus, el conocido ya como 2019-nCoV. Así, desde el mes de diciembre hasta el día de hoy, el número de infectados son 1.287 y el de fallecidos 41 y contando.

Es vital para el estudio de este nuevo coronavirus averiguar su o sus reservorios animales. Es sensato pensar que el virus se originó en un murciélago, pero si éste u otro animal salvaje fue el origen de la epidemia, está todavía por determinar.

Debemos considerar que Wuhan es un importante centro de transporte nacional e internacional y que en tan pocos días este virus ha logrado llegar a Japón, Corea del Sur y Tailandia.

Y aunque todavía no se conoce mucho sobre esta enfermedad, incluso se desconoce si se contagia de persona a persona, se están tomando protocolos en aeropuertos internacionales.

La humanidad debe estar alerta, ya que, tarde o temprano, alguna epidemia global llegará y podría parecerse a la Gripe Española de 1918 que infectó a 500 millones de personas.

Las preguntas son cuándo, dónde y cómo, y si estaremos listos a nivel colectivo. Se insiste en “colectivo” porque una pandemia, al igual que el cambio climático, no respeta ni pasaportes ni fronteras.

No ponemos en cuarentena, curamos o salvamos primero a un país que a otro. O ponemos a la humanidad de primeras, o todos perderemos.

Existen vínculos entre el cambio climático y las pandemias. La conexión principal es que el calentamiento global en realidad crea nuevos vectores de enfermedades.

A medida que el permafrost se descongela en lugares como Siberia, resurgirán los virus que han estado congelados durante milenios y contra los cuales los animales y los humanos ya no tienen resistencia.

Además, a medida que la desertificación y otros efectos secundarios del calentamiento traspasan los límites entre hábitats, las especies entrarán en contacto con criaturas que nunca habían encontrado. Así es como los virus comienzan su travesía.

La lección más profunda es que debemos cooperar como especie, con un enfoque geopolítico que parece haber pasado de moda: el multilateralismo.

Siempre hemos estado encerrados en una carrera armamentista entre la evolución de virus, bacterias y hongos y nuestros medicamentos contra ellos.

Cuando aparece un nuevo virus, nos amenaza potencialmente a todos y deberíamos combatirlo de la mano.

La mala noticia es que no podemos garantizar que los humanos se enfrentarán a amenazas globales como el cambio climático o las pandemias, porque somos muy propensos a priorizar lo que percibimos como nuestros propios intereses solo para sufrir las consecuencias después.

La buena noticia, es que cada vez que nos unimos para vencer una nueva amenaza, recordamos cuánto tenemos en común y luchamos mejor a la siguiente vez.