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Cómo Khalil Rafati paso de ser un indigente a convertirse en un empresario exitoso

El antes y después es tremendo, Hace 13 años, el actual empresario exitoso pesaba 49 kilos y no tenía rumbo.

Khalil Rafati. El nombre, así escrito y leído, no dice nada. Lo que dice, y mucho, es su historia. La de un hombre que fue adicto, indigente y que hoy es millonario.

Una sobredosis de heroína en una fiesta de Malibú casi termina con la vida de Rafati, quien, según contó tras dos años en la cárcel, decidió que tenía que salir de la calle y hacer algo con su vida, como fuera. Hoy, a quince años de aquella vida de perdición, de esos años en prisión y de esa decisión, Khalil es un millonario, un hombre de negocios que logró el éxito haciendo jugos caseros. Fue en los 90 que se trasladó a Los Ángeles para trabajar vendiendo autos, hasta que las drogas se cruzaron en su camino y lo perdió todo. Sin embargo, fue tocar fondo lo que no le dejó otra alternativa que empezar a subir.

Tanto impacto causó su historia, que el hecho se convirtió en un libro: Me olvidé de morir se llama la biografía. Ahora Rafati busca ayudar a otros que hayan perdido la esperanza como le pasó a él. “Yo toqué el fondo de los fondos, no podía llegar más abajo”, dijo en una entrevista con el diario estadounidense The New York Times.

“Toqué el fondo de los fondos, no podía llegar más abajo. Me sentía siempre agotado, sin energía. La depresión era diaria, no podía salir de ese infierno. Después de la cárcel decidí que tenía que salir sí o sí”. Khalil Rafati Lo dijo en The New York Times

En el 2003 tenía 33 años, pesaba 49 kilos y vivía en la calle, perdido en la heroína y la cocaína, sin un lugar a dónde ir. “Me sentía siempre agotado, sin energía. La depresión era diaria, no podía salir”, cuenta. El momento en que realmente cambió las cosas fue cuando un compañero del centro de rehabilitación Riviera lo introdujo en el mundo de los “jugos y superalimentos”. Al poco tiempo de empezar, él ya hacía sus propios batidos y los vendía a los pacientes.

No tardó mucho en crecer, ya que sólo unos meses más tarde todo Malibú comenzó a comprar los jugos. “Así que mucha gente iba al centro de recuperación sólo para disfrutar de uno de mis batidos”, comenta. “Incluso llegó a ser un poco raro, ya que muchas de esas personas no eran parte del programa”.

Hábil y al ver que había creado un producto que se vendía, Rafati se atrevió a pedir un préstamo bancario para abrir su propio negocio. Fue expandiendo su emprendimiento hasta tener su propia cadena, SunLife Organics, con seis locales en Los Ángeles, en los que sólo contrata a gente en situación de calle, o en recuperación de adicciones, personas que podrían haber sido él hace 15 años.

Ahora solo queda decir, ¡Bien hecho Khalil!