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La Ultima Casa del Maestro – LA CASA IMPERFECTA, HISTORIA PARA REFLEXIONAR

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera…
El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacia. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido amigo —dijo-. Es un regalo para ti”.
Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!
A mi parecer lo que refleja esta historia es que la manera de afrontar las cosas no es a desgana y como si no fuera importante. Absolutamente todo lo que hacemos es importante y de alguna manera crea nuestro futuro. Si en tu trabajo no pones empeño nunca serás bueno en él por más que creas que no es el trabajo de tu vida. Si de lo contrario y, a pesar de no ser el trabajo de tu vida, le pones empeño (corazón) eso lo verán los demás y quizás sin saber cómo el paso por ese trabajo te acerque al trabajo de tus sueños.
Un buen amigo me dijo una vez que el trabajo es donde estamos más tiempo junto con el momento en el que dormimos. Me di cuenta que realmente es así, por lo que, ¿porque no estar a gusto en nuestro puesto de trabajo? Realmente si no estamos a gusto estamos condenándonos a pasar la mayor parte de nuestra vida a disgusto.
Esto es aplicable a cualquier ámbito de nuestras vidas. De todas maneras es una programación que muchos llevamos desde pequeños. A mi cuando en casa me obligaban a hacer las tareas domésticas las hacia a desgana primero para que, al darse cuenta mis padres, me liberaran de la faena y lo hicieran ellos y segundo (si no funcionaba la primera via) no prestar tanta atención a esa faena y distraerme pensando en otras cosas que hacían que lo hiciera realmente mal. Lo que buscaba en ese momento era evadirme de algo que no me gustaba. Realmente conseguía lo que quería. En el primer caso el objetivo se cumplía fácilmente y me hacían en ese momento un gran favor. En realidad me estaban enseñando que para librarte de algo hay que hacerlo mal. En el segundo caso tampoco aprendía nada de lo que estaba haciendo así que muy provechoso no era.
En resumen, haz las cosas con amor. Como dijo el presidente de los EE.UU. Abraham Lincoln:

 Hagas lo que hagas, hazlo bien

Una vez las palabras del señor Lincoln calaron dentro de mi todo fue diferente. Cambié esa antigua programación que explicaba antes. Ya no buscaba el entretenimiento y dejaba de prestar atención a la faena que estuviera haciendo. Me limitaba a hacerla y ya está, sin juzgar si me gusta o no. Ya solo pensaba en hacerlo bien costase lo que costase. Eso si, algunas veces mi antigua programación aún se apodera de mi y es difícil pararla. Pero es cuestión de práctica y sobretodo de voluntad, voluntad de querer llevar a cabo esta nueva programación.

Espero que esta bonita y breve historia haya ayudado a cambiar alguna cosa o, al menos, haya ayudado a reflexionar un poco.

Ayudando a construir un mundo mejor me despido hasta la próxima.

MORALEJA:

Todo lo que hagas hazlo con AMOR, no dañes a nadie, sé un buen ejemplo, da lo Mejor y recibirás lo Mejor…