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Quieres criar niños mentalmente fuertes? La ciencia dice que dejes de decirles ‘todo estará bien’; aquí hay 5 cosas que debes hacer

Los padres, maestros y entrenadores dedican innumerables horas a ayudar a los niños a desarrollar habilidades que creen que les ayudarán a tener un futuro más brillante. Pero, la aptitud para la lectura y las habilidades del fútbol no garantizan una vida adulta feliz.

De hecho, un estudio en 2015 publicado en el American Journal of Public Health descubrió que las habilidades sociales y emocionales son los mayores predictores del éxito futuro. Los investigadores descubrieron que cuanto más emocionalmente, mental y socialmente tenían los niños en el jardín de infantes, más probabilidades tenían de ir a la universidad y ser empleados a tiempo completo a la edad de 25 años. Los niños con los puntajes más bajos de competencia social y emocional tenían el mayor riesgo de Abandono escolar, problemas legales y problemas de abuso de sustancias.

Pero solo porque un niño vaya a la universidad no significa que tenga todas las habilidades emocionales que necesita para tener éxito. De hecho, una encuesta nacional realizada en 2015 a 1.502 estudiantes universitarios encontró que el 60 por ciento de los estudiantes de primer año no se sentían emocionalmente preparados para la universidad y era más probable que informaran un rendimiento académico deficiente y una experiencia universitaria negativa.

Afortunadamente, se pueden enseñar habilidades sociales y emocionales. Unas pocas estrategias simples incorporadas en tus interacciones diarias con tu hijo pueden hacer una gran diferencia.

Aquí hay cinco cosas que los padres inteligentes hacen para criar niños exitosos y mentalmente fuertes:

1. Validan sus sentimientos.

Las respuestas de los niños a menudo parecen desproporcionadas a las circunstancias. Pero decir: “¡Cálmate! No es un gran problema” o “No te asustes. Todo va a estar bien”, les hace un mal servicio.

Sus sentimientos, no importa lo dramáticos que parezcan, son reales. Los padres inteligentes les enseñan a los niños que sus sentimientos están bien y lo que hacen con esos sentimientos es lo que importa. Dicen cosas como: “Está bien sentirse enojado, pero no está bien golpear a tu hermano”.

2. Los entrenan sobre cómo manejar sus emociones.

Los padres exitosos no se responsabilizan de las emociones de sus hijos. En lugar de calmarlos cuando están molestos o animarlos cuando están tristes, les dan a sus hijos las herramientas que necesitan para regular sus propias emociones.

“…las habilidades sociales y emocionales son los mayores predictores del éxito futuro”.

Amy Morin, autora de “13 cosas que las personas mentalmente fuertes no hacen”

Los ayudan de manera proactiva a identificar las habilidades de afrontamiento que funcionan para ellos. Si bien el coloreado puede ser una buena manera para que un niño se sienta triste, otro niño puede sentirse mejor al escuchar música.

3. Les dejan cometer errores.

Aunque es difícil ver a un niño desordenar, los padres inteligentes convierten los errores en oportunidades de aprendizaje. Los errores, y las consecuencias naturales que surgen de ellos, pueden ser el mejor maestro de la vida.

Si un niño se olvida de empacar su botella de agua, o espera hasta el último minuto para hacer su proyecto de feria de ciencias, los padres inteligentes no rescatan a sus hijos. En cambio, ayudan a sus hijos a aprender cómo hacerlo mejor en el futuro.

4. Resuelven problemas juntos.

Ya sea que sus hijos se olviden de hacer sus tareas o están luchando con sus calificaciones, los padres inteligentes involucran a los niños en la resolución de problemas. Hacen preguntas como “¿Qué te ayudaría a ser más responsable?” Y desarrollan un plan juntos.

Eso no significa que no les den consecuencias, ciertamente lo hacen. Pero su disciplina se centra en enseñarles a mejorar la próxima vez, en lugar de avergonzarlos por no alcanzar sus metas.

5. Permiten que sus hijos se sientan incómodos.

Los padres inteligentes les dan a sus hijos la oportunidad de practicar sus habilidades permitiéndoles sentirse incómodos. Eso no significa que los expongan a circunstancias difíciles solo para endurecerlos, pero sí que les permiten sentirse aburridos, decepcionados y frustrados a veces.

Y en lugar de ayudarlos a “no sentirse asustados”, alientan a sus hijos a “ser valientes”. Sus hijos ganan confianza en su capacidad para tolerar sentirse incómodos y aprenden que pueden hacer cosas que no desean hacer.