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Soy pobre, pero honrado.

“La frase ‘soy pobre, pero honrado’ pronunciada con orgullo y dignidad, que escuché algunas veces cuando era pequeña, me impresionaba siempre por la fuerza de verdad con la que era expresada, sin dejar lugar a dudas…

“Hoy esa misma frase, venga de quien venga, suscita profundas
interrogantes…
“Ricos y pobres están olvidando el sentido del honor, de la dignidad e integridad para lanzarse irreflexivamente tras el dinero, la comodidad, lujos y poder como máximo valor o meta en la vida.

“Los principios morales van desapareciendo atrás de las posesiones materiales y no importa lo que se hace o cómo se hace para conseguirlas.
Tal es la dependencia creada por la sociedad consumista en que vivimos.

“Las riquezas materiales y posiciones pueden perderse por infinidad de causas, pueden quitárnoslas y despojarnos de todo, pero hay algo que ni la envidia, ni la injusticia puede arrebatarnos: la íntima convicción y satisfacción de ser íntegros, honrados y rectos en nuestro actuar, nuestro honor y dignidad…

“Aquello que somos espiritualmente es nuestro único y verdadero tesoro de valor incalculable, nuestro máximo orgullo y la mejor herencia para entregar a nuestros hijos y a las futuras generaciones”.

¿Tendría buenos resultados estimular y premiar públicamente de modo regular a las personas que actúan con transparencia y superan la tentación de la trampa, el robo, la coima, la copia en los exámenes, la falsificación, el quedarse con los vueltos, alteración de precios y balanzas, el chantaje, el peculado, el cohecho, la concusión, etcétera?

Porque, tal parece que hasta en el deporte hoy constituye un heroísmo mantenerse honrado, limpio y transparente, pues bien sabemos cómo le dicen al que no aprovecha una posición u oportunidad de trampear y hacer dinero.

Este mal no puede vencernos… tenemos que seguir en nuestra lucha combatiéndolo con rigor, constancia y fe desde todos los campos posibles: familia, educación, medios de comunicación, instituciones públicas y privadas, en la calle, en el trabajo, en donde quiera que estemos.